Imagina que vives con una condición en donde todos los días y todo el tiempo debes de estar pensando y tratando de controlar horarios, comidas, medicamentos, ejercicio, actividades y niveles de glucosa para prevenir la aparición de síntomas que no te hacen sentir bien y que interrumpen tu cotidianidad. Sencillamente no es opción ignorar estos aspectos porque, tarde o temprano, los síntomas te harán saber que algo no está marchando como debe. Bueno, pues eso es la Diabetes. Ahora imagina que muchas veces las personas que te rodean no se percatan o no comprenden lo que te sucede y que las situaciones como el trabajo, la escuela, el paseo por la playa, etc., simplemente siguen su curso mientras tu tratas de recobrar un poco de estabilidad física y mental.
Vivir con Diabetes no se trata solamente de insulina, conteo de carbohidratos, ejercicio y automonitoreo, sino que hay un componente emocional muy fuerte con el que también hay que lidiar. Precisamente como todo está conectado, los niveles elevados o bajos de glucosa pueden influir en cómo nos sentimos y viceversa. Poco se habla sobre esto, pero creo que es importante que tanto la persona que vive con Diabetes, como quienes l@ acompañan, estén conscientes de esta dimensión emocional que sostiene la adherencia al tratamiento y el bienestar.
Las hipoglucemias pueden hacernos sentir nerviosos, ansiosos, irritables o confundidos. Las hiperglucemias pueden hacernos sentir tristes, enojados, frustrados o letárgicos. Cada persona y Diabetes es diferente, por ello es importante que comiences a observar cómo te sientes cuando tus niveles de glucosa están altos o bajos y como tu estado de ánimo influye en tus niveles.
Cuando era adolescente, recuerdo que atravesaba por varias situaciones además de que mi control de glucosa no era óptimo. La mayor parte del tiempo estaba con hiperglucemia, sintiéndome enojada y triste. Frente a cualquier cosa tendía a responder irritable. Cuando tomé el cuidado de mi Diabetes como prioridad y mis niveles paulatinamente mejoraron, mi estado de ánimo y perspectiva también cambiaron. Hoy en día trabajo en identificar y gestionar mis emociones. Asimismo, mi esposo ha aprendido en el camino y él sabe que cuando respondo impaciente e irritable frente a situaciones en las que normalmente no lo haría, me pregunta si tengo hipoglucemia.
Ahora, no siempre es el caso de que cuando nos sintamos tristes o enojados tenga que ver solamente por nuestros niveles de glucosa, pero sí pueden influir. De igual manera, nuestras emociones también influyen en nuestros niveles de glucosa. Por ello es clave conocerse y mantener un canal de comunicación abierto con los demás para que puedan saber lo que nos sucede, tenga que ver o no con la Diabetes.
Al igual que el cuidado de la Diabetes, el cuidado de nuestra salud mental y emocional son fundamentales. Es importante poder discernir si nos sentimos tristes, frustrados o deprimidos por la Diabetes y nuestros niveles de glucosa, o si se trata de algo que no tiene relación con nuestra condición o ambas. Si sientes que hay situaciones que te están sobrepasando, habla con alguien a quien le tengas confianza y acudir con un@ psicólog@ es un excelente punto de partida para que puedas ir trabajando tus emociones y desarrollar habilidades de afrontamiento funcionales.
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