Muchas veces he recibido este tipo de comentario que, si bien puede decirse que tiene una intención “buena”, en realidad me deja pensando en algo: ¿Cómo se supone que me debería de ver? Y no me malinterpreten, agradezco las buenas intenciones sin embargo, ¿con base a qué surge este comentario?
Cuando mencionamos la palabra “diabetes” las respuestas tienden a ser negativas. Es como si fuera un tabú o una maldición de la que no se quiere hablar ni pensar. No es de sorprenderse que esta sea la tendencia, si en el imaginario colectivo rondan imágenes de ceguera, amputaciones, complicaciones, muerte; al igual que comentarios como: “A mi abuelo se la diagnosticaron y se murió”. “Una conocida se quedó ciega y luego le mandaron insulina porque ya estaba muy mal”. “¡Pobrecita niña!, ya no puede comer azúcar, ¡esconde los dulces!”… A veces da la sensación de que la diabetes es sinónimo de incapacidad o hasta sentencia de muerte. Pienso que todas estas cuestiones están sumamente distorsionadas, y mucho viene de hacer “vista gorda y oídos sordos” frente a la diabetes, así como por las imágenes terroríficas que vienen a llenar la falta de información y educación.
Diabetes hay muchas porque cada persona con diabetes es diferente y cada una tiene en sus manos el poder para direccionar el rumbo de su condición, junto con el apoyo de su familia y equipo de salud.
Conozco muchas personas con diabetes que viven una vida plena como cualquier otra persona. Existen atletas con diabetes para quienes no ha sido impedimento alguno competir y demostrar que todo se puede. Creo que es tiempo de que re-enfoquemos la mirada hacia vivir con diabetes. Los que vivimos con esta condición (al igual que nuestros seres queridos), sabemos de la demanda diaria que implica manejarla, pero si como comenzamos por aprender sobre ella, sobre lo que necesitamos hacer para lograr y mantener niveles de glucosa cercanos o dentro de rango, si comenzamos a conectarnos con nuestro cuerpo y observar qué me funciona y qué no, si ponemos ese conocimiento en acción quizá nuestro lente sería más integral y realista.
La diabetes no nos define, nos acompaña como otra característica más que tenemos. Sí, es un reto. Sí, es demandante. Sí, existen complicaciones, pero puedo mantenerlas lejos si hago lo mejor que puedo con lo que tengo. Sí, hay días difíciles en los que siento enojo, miedo, incertidumbre, tristeza, frustración o cansancio. Sí, hay días caóticos y otros muy gratificantes. Si, la diabetes es dinámica como mi vida y, por lo tanto, es esperable que a veces lo que me funciona un día, al siguiente no y deba realizar ajustes. Qué importante es que todo esto lo hago porque tengo el conocimiento y porque soy capaz de traducirlo en acciones para alcanzar mis objetivos. Me adapto, vivo mi vida y día a día me vuelvo más fuerte con diabetes.
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