
En mis 19 años viviendo con Diabetes tipo 1, he sido cuidadosa al momento de preparar mi jeringa para inyectarme insulina. Había leído esas historias de thiller psicológico de casos en donde en lugar de Lantus (insulina de acción prolongada) se inyectan Lispro (insulina de acción ultra-rápida).
Con tantas cosas pasando por mi cabeza (y en la inercia de mi rutina de inyección), agarré el frasco de insulina, preparé mi dosis, me inyecté y listo.
Cuando volteo para guardar el frasco de insulina, veo que es el de la Lispro D:
La sangre se me fue para abajo, pues me había inyectado 10 unidades de un sentón! La verdad me paralicé por un momento. Mi mente estaba en shock y, al mismo tiempo, pensaba en miles de cosas: «Qué tal que me muero?», «No quiero ir a urgencias por el COVID!», «Y si realmente me inyecté la Lantus y sólo por error saqué también el vial de Lispro? «, «Qué hago si no tengo jugo?», «Hay suficiente comida?», «Le digo o no a mi esposo?», «Y si de repente me desmayo aun y cuando esté comiendo?», «Llamaré a una ambulancia?»…
Fue un momento de terror y pánico. Aceptando lo que pasó, puse al tanto a mi esposo de la situación, explicándole con detalle lo que tendría que hacer en caso de que perdiera el conocimiento.
Como no tenía dulces, ni jugos, ni miel, ni nada, inmediatamente comencé a planear mis fuentes de carbohidratos de rápida absorción: cereales azucarados, una solución pre- operatoria con alto contenido de glucosa que teníamos guardada, pan, arroz…todo lo que pudiera encontrar en mi alacena o refrigerador! Mi esposo encargó a domicilio refresco con azúcar porque no quería dejarme sola (y la verdad es que yo tampoco, jaja!)
Suena exagerado, pero las personas con diabetes sabemos que hasta .5 de unidad de insulina de más puede representar una hipoglucemia. Y ahora con 10 inyectadas….Tenía que prevenirme de cualquier manera.
Inmediatamente comencé a monitorear mi glucosa. Inicialmente estaba en 105 mg/dl. A los 10 minutos bajó a 82 mg/dl. A los 15 minutos a 66 mg/dl. El efecto de la insulina estaba empezando y yo estaba comiendo cereal como desquiciada!
Cada vez que terminaba con taza y media de cereal (10 min), me revisaba. Mi glucosa seguía bajando (62 mg/dl). Entre 5 tazas de cereal, una manzana y varios tragos de coca, mi glucosa no bajó más.
Una vez que después de comer vi que mi glucosa empezaba a subir, 70 mg/dl y 10 minutos después 126 mg/dl, me inyecté las 10 unidades de lantus. Treinta minutos después revisé mi glucosa y estaba en 180 mg/dl.
Me sentí aliviada de que lo más peligroso ya había pasado, estaba a salvo. Me inyecté para corregir mi glucosa. Ahora vendría la reparación de daños (el rebote de glucosa = hiperglucemia), por lo que programé una alarma cada hora. Antes de dormir estaba 193 mg/dl y volví a inyectarme para corregir. A las 12 am estaba en 129 mg/dl. No me corregí y decidí revisar mi glucosa en 3 horas. A las 3 am estaba en 195 mg/dl y volví a corregirme. En la mañana amanecí con hipoglucemia 61 mg/dl.
Lo sé, lo sé, quizá no fue lo mejor, pero hice lo mejor que pude con lo que tenía a la mano!
La moraleja es que siempre pongamos mucha atención lo que estamos inyectando. No importa si tenemos prisa, si tenemos pendientes, si estamos cansados, si ya tenemos mucho/ poco tiempo haciendo esta rutina de autocuidado por nuestra cuenta. Siempre hay que detenerse y cerciorarnos!
Siempre hay que instruir a quienes nos acompañan en lo que tienen que hacer en caso de una emergencia (si perdemos el conociemiento, cómo usar el glucómetro, contacto de nuestro endocrinólogo y hospital, cómo inyectar glucagón, etc).
Siempre (y lo que más me quedó super de lección) contar con jugos, refrescos con azúcar y dulces; pero, sobretodo, mantener la calma y actuar rápido. Hacer un plan conjunto. Mantener la comunicación. El autoreproche, los regaños y la autolamentación sobran en situaciones como esta.
Y a ti, te ha sucedido? Y si no, ya revisaste con quienes te rodean lo que pueden y deben de hacer?
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