Lo que mi «yo actual» le diría a mi «yo adolescente» sobre la diabetes.

Breve contexto:

Fui diagnosticada con diabetes tipo 1 a mis casi 11 años de edad. Por un tiempo, el manejo de mi diabetes fue relativamente «sencillo». Una vez que llegué a los 14 años, en donde yo estaba prácticamente a cargo de mi diabetes, las cosas no fueron tan sencillas.

Fue una etapa de mucho enojo, tristeza y, por ende, de negación. Tanto mi mentalidad como mis acciones (u omisiones) como el comer emocionalmente, me llevaron a dos episodios de cetoacidosis diabética (CAD).

Lo que mi «yo actual» le diría a mi «yo adolescente»:

Sé que sientes mucho enojo y tristeza en este momento. Que te preguntas una y otra vez «¿por qué a mí?»; «¿por qué yo no puedo»?… Que odias tener diabetes.

Mira, la diabetes ya está aquí y ahora es parte de ti. Tienes que acepar que esto no va a cambiar. Aceptarla no significa que te tiene que encantar y que en automático todo va a regresar a la normalidad. En realidad, esto es un constante proceso y este proceso solo puede comenzar si confrontas tu realidad y trabajas con ella.

Mucho de lo que te pasa no sólo es la diabetes en sí. Es válido que sientas todo esto, pero date cuenta que no puedes hacer mucho si evades o ignoras tus emociones. Ellas tienen mucho que decirte sobre ti y son la mejor herramienta para encontrar salidas a este laberinto en el que te sientes atrapada.

Es comprensible que te sientas abrumada y que pareciera que nadie te entiende porque no viven con lo que tu tienes que lidiar día a día, momento a momento. Sé que te molesta muchísimo que tus papás estén vigilándote, preguntándote y presionándote sobre cosas de las que tú no quieres pensar ni hacer. Pero ¿sabes?, lo hacen porque te aman y te aseguro que más adelante es algo que les vas agradecer infinitamente.

Sé que te sientes como el bicho «raro» en tu familia, en la escuela, con tus amigos…Pero, ¿sabes algo? ¡Eres capaz de todo! Eres como cualquier otra persona que ves, sólo que tú tienes que tomar en consideración algunas cosas extra.

¿Qué necesitas? ¿Qué te puede ayudar a sentirte mejor? ¿Con qué puedes empezar hoy? Creo que son preguntas que te puedes hacer y responder por ti misma, todos los días. Se paciente y amable contigo misma en este recorrido. Reconócete que, todos los días, haces lo mejor que puedes.

Sé que en este momento no quieres saber de nada porque es mucha la carga que percibes. Demos pasos pequeños, pero firmes. ¿Qué tal si programas una alarma que te recuerde revisar tu glucosa? ¿Qué tal si la programamos para que cheques tu glucosa 3 veces al día? Y hacer esto hoy…y mañana…pasado mañana, y así, día a día…Y lo mismo con las inyecciones de insulina. Recuerda, la gran línea base comienza por el automonitoreo y las inyecciones de insulina.

Hablando de automonitoreo, sé que por mucho tiempo te dijeron cuáles eran las cifras «buenas» y las «malas» y que te llena de mucha frustración, ansiedad y desconcierto cuando ves cifras elevadas (o sea, «malas»). ¿Te digo algo? Las cifras nunca son 100% perfectas y no son ni «buenas» ni «malas», son sólo información. Mejor, aprende qué significan esas cifras, por qué pueden estar presentándose y qué hacer para corregir y disminuir la frecuencia de esas cifras.

Toma en cuenta que la vida es dinámica. Tú y tus niveles de glucosa también lo son. Con esto en mente, ¿qué tal si quitamos el énfasis en tener cifras «perfectas» todo el tiempo y mejor te enfocas en ser muy observadora de lo que haces (qué, cómo y cuándo) y el impacto que tiene en tu glucosa? Luego, con base a esa observación, anticipas y planeas…Después, aplicas, experimentas, observas, tomas nota, modificas si en necesario…¡Equivocarte y tener cifras fuera de rango no equivale a que has fracasado! ¡Estás aprendiendo y es parte de vivir con diabetes! Y créeme, yo aún tengo días en que mis experimentos no salen como yo esperaba.

Poco a poco ve estableciendo pequeñas metas en diferentes aspectos, semana a semana. Se consistente y poco a poco formarás hábitos. Vas a ver que eventualmente todo irá cayendo en su lugar, sólo tienes que empezar por un lado. Por cierto, ¿ya te dije que el ejercicio es tu mejor amigo?

Piensa y busca en un estilo de vida que disfrutes, que responda a tus necesidades y que, de manera realista, puedas sostener a lo largo del tiempo porque es lo suficiente flexible que te permita adaptarte a lo que la vida te va arrojando.

Con la comida que tanto te cuesta trabajo, ¿qué tal si en lugar de privarte o de sentir que «no puedes» comer ciertos alimentos que se consideran «malos», quitas las etiquetas, vas con un@ nutriólog@ especializada en diabetes que te ayude con un plan de alimentación, aplicas el conteo de carbohidratos, experimentas, observas y aprendes para saber cómo hacer cuando quieres consumir algo que se te antoja? Y sí, si puedes comer pizza, pastel y muchas otras cosas. Recuerda, solo tienes que hacerlo de manera informada y aprender a manejarlo en tu cuerpo, ¡no hay de otra!

Eso sí, siempre toma nota del error, porque justo eso te enseña y te encamina a encontrar lo que funciona para ti y, al final, eso se va a traducir en mayor libertad y confianza de ti hacia ti y de quienes te rodean (incluidos tus papás).

La diabetes no es buena ni mala, ni es todo aquello que los medios, personas y médicos dicen. Sólo tu sabes cómo es tu diabetes. Sólo tu sientes y vives tu cuerpo. Tienes que aprender a conectarte con él, familiarizarte con la forma que una hipo e hiperglucemia te hacen sentir; sintonizar la manera en que tu cuerpo y tu glucosa reaccionan con diferentes variables.

Es verdad, no es sencillo. Tiene sus cosas fáciles y no tan fáciles y no siempre tendrás todas las respuestas, pero si tienes el compromiso contigo misma, mayor paz puedes encontrar en este proceso que nunca termina.

Quiero decirte que vas a encontrar días o periodos difíciles, en donde a pesar de que haces todo lo que tienes que hacer, tus niveles están fuera de rango. Es normal y está bien. Sigue adelante, haciendo lo que te corresponde y mañana será otro día.

Nunca dudes en preguntar, en investigar, en apoyarte de los profesionales de la salud y en quienes te rodean, en decir lo que piensas, sientes y necesitas. Busca y conéctate con otras personas que vivan con diabetes, ¡aprenderás muchísimas cosas!

Al final, sólo eres tú y sólo tienes esta vida y si pones todo a tu favor, puedes hacer todo aquello que te propongas. Tu eres quien decide si poner o romper los límites.

Siempre recuerda que tu mentalidad, la forma en que ves y significas tu diabetes, es clave para que todo comience a cambiar y funcionar de otra manera.

Y, mírame, ¡estaremos bien! Y, ¿te digo un secreto? Descubrirás que la diabetes te ha marcado de una manera tan profunda porque te ha hecho sacar lo mejor de ti, te ha retado y te ha empoderado con cada paso, con cada experiencia. Le ha dado muchas perspectivas y significados a tu vida. Te darás cuenta que te has hecho más fuerte con diabetes.

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