
En 2001 tenía menos de dos meses de haber sido diagnosticada con diabetes tipo 1 cuando se acercaba mi décimo primer cumpleaños. El festejo de mi cumpleaños era como cualquier otro. Se celebraba ya fuera con una gran fiesta que incluía golosinas, pastel y piñatas o una comida familiar o ambas. Pero ahora que la diabetes estaba presente, para mí todo era muy incierto. No sabía qué iba a suceder frente a las golosinas y mi pastel de cumpleaños.
Nunca se me va olvidar la linda sorpresa que mis papás me hicieron en la escuela. Entré a mi salón y los vi ahí, repartiendo sándwiches y gelatinas a mis compañeros. Mi corazón se alegró tanto cuando empezaron a cantarme las mañanitas y mi mamá me llevó un pastel de chocolate decorado con coloridos ositos de gomita. Después de soplar las velas, mi mamá me dijo que el pastel y las gomitas no tenían azúcar porque estaban hechos con Splenda. Y, a pesar de que a mis compañeros les resultó un tanto peculiar el sabor de ese pastel, ¡yo fui la niña más feliz del mundo. Comí y saboreé mi pastel como nunca antes!
Yo les agradezco infinitamente a mis papás por lo que hicieron. A mí mamá porque en aquél tiempo su desconocimiento no la detuvo para buscar la manera de hacerme mi pastel de cumpleaños. A mi papá porque cada vez que viajaba, traía consigo productos sin azúcar.
Este gesto que hicieron, tuvo un significado muy profundo para mí: me hizo sentir no estaba sola; que vivir con diabetes no me hacía ser el «bicho raro» y que no me impedía hacer, celebrar y disfrutar como cualquier otra persona.
El vivir con diabetes no debe ser un pretexto para evitar u omitir celebraciones o actividades. No celebrar o no formar parte de algo por miedo, desconocimiento o por lo que los demás puedan opinar/señalar sólo hace que la diabetes adquiera una connotación negativa y se sienta como un impedimento o castigo, algo que en definitiva no lo es. La educación en diabetes es primordial para poder comprender y tomar acción en el manejo de la misma.
Precisamente, a lo largo de los años, el ser incluida y participar en todas las actividades me ha empujado a educarme para poder y experimentar de manera informada. A veces obtuve los resultados que esperaba y muchas otras veces no tanto, pero todos y cada uno de esos eventos-experimentos me fueron enseñando, así como fueron forjando más confianza y seguridad en el manejo de mi diabetes frente a las diversas circunstancias que componen la vida.
Si eres mamá, papá, herman@, espos@, familiar,amig@ de alguien que vive con diabetes, pierde el miedo y deja la lástima en otro lado. Siempre puedes preguntarnos qué queremos y cómo o con qué nos puedes apoyar. De igual manera, puedes informarte sobre el manejo de nuestra condición, ya sea con profesionales de salud o por cuenta propia (sólo asegúrate de que las fuentes sean confiables).
Finalmente, hablando de festejos, son muchas las opciones que hoy en día existen en cuanto a pasteles, dulces y productos sin azúcar. Recuerda que las personas con diabetes podemos hacer de todo y que si tenemos el conocimiento del manejo de nuestra condición, comer pastel, celebrar, ir de viaje o lo que sea, no debe ser fuente de conflicto.
Así que ya sabes. No hay impedimentos, sino muchas razones para aprender, festejar y disfrutar.