
Años atrás estuve obsesionada con todo el tiempo obtener niveles de glucosa dentro de rango; mantener un nivel de hemoblogina glucosilada (A1c) menor a 6% (para mí entre más bajo, mejor) y mantener un peso corporal muy delgado. Cuando veía que lograba todo esto sentía que tenía el control sobre mi diabetes y cuando no, ¡me esforzaba aún más!
Sin darme cuenta, la realidad era que la diabetes me estaba controlando a mí ya que, con tal de obtener esos resultados»perfectos», muchas veces me privé y me restringí de vivir experiencias; me forcé a seguir estricta y ferviertemente una serie de reglas y rutinas estrictas que me llenaban de culpa, ansiedad y miedos descomunales si en lo mínimo modificaba alguna parte o si osaba en pensar en «darme un gusto». Simplemente no era opción para mí y no importaba si me sentía enferma o cansada, yo era como una «maquinita» que repetía todo con tal de obtener ciertos niveles de glucosa.
Es verdad que tod@s queremos que nuestros niveles estén o se acerquen lo más posible a nuestro rango objetivo. Es verdad que queremos saber que estamos haciendo las cosas de manera adecuada para evitar complicaciones de la diabetes. Es verdad que no queremos que nuestros seres queridos nos estén persiguiendo y preguntando o que se sientan preocupandos. Es verdad que no queremos que nuestr@ endocrinólog@ nos señale. Es verdad que queremos llevar la fiesta en paz en la mayor medida de lo posible.
Pero, en definitiva, obsesionarnos nos rigidiza y la rigidez nos quiebra, mientras que la flexibilidad nos transforma.
Vivir con diabetes implica aprender a confrontar nuestros miedos. Miedos que pueden venir de lo que nos han dicho, de lo que hemos escuchado o leído, de lo nos ha sucedido y de lo que nos imaginamos.
Cuando por estos miedos nos vamos al extremo de obsesionarnos, nunca nos parecerá adecuado ni suficiente lo que hagamos; experimentaremos mucha culpa y ansiedad por cualquier resultado etiquetado como «negativo» o por hacer «cosas que no deberíamos» . Todo esto terminará por limitarnos a un cuadro de acción muy pequeño y constantemente nos hará sentir que hemos fallado.
Vivir con diabetes es un reto que navegamos de momento a momento. Es una condición dinámica y su dinamismo se inserta en el dinamismo de nuestras vidas. Así como constantemente tomamos decisiones para el manejo de nuestra diabetes, deberemos también constantemente decidir nuestras reacciones emocionales frente a los resultados.
Hay que ser realistas y no esperar que todo el tiempo podremos controlar con gran maestría todas las variables. La diabetes implica manejar días buenos y no tan buenos, pero todos son oportunidades de aprendizaje y crecimiento.
Dejar de obsesionarnos es liberador. Nos permite centrarnos en nosotr@s mism@s, en ser auténtic@s, en disfrutar y vivir las experiencias que la vida nos pone enfrente, en aprender cómo funcionamos, lo que nos ayuda y lo que no, en perder el miedo y ganar más confianza, en identificar lo que tenemos que trabajar y en tener más compasión con nuestro proceso de aprendizaje.
Una parte crucial para el manejo de la diabetes, es la revisión continua de nuestra perspectiva y evaluar si nos está impulsando, si nos está permitiendo expandirnos, si nos está empoderando o no.
Lograr mantener un equilibrio entre autocuidado y flexibilidad a lo largo de la vida, más allá de obsesionarnos con números, marca la diferencia entre manejar la diabetes y no que la diabetes sea la que maneja nuestra vida.