
Vivir con diabetes no es sencillo. Requiere de nuestra atención en casi todo momento. Debemos tomar decisiones en base a los números que vemos reflejados en el glucómetro o lector de nuestro sensor. Requiere descifrar el porqué de la variabilidad en nuestro nivel de glucosa si hemos hecho exactamente lo que siempre hacemos. Requiere planear y prever cuando salimos de casa; requiere hacer las modificaciones necesarias hasta encontrar las cosas que nos funcionan y sucesivamente…¡Es una labor sin fin!
Por ello, las creencias y la mentalidad que adoptamos frente a la diabetes impactará en gran medida la manera en que nos sentiremos frente a los retos diarios que nos arroja el manejo de esta condición.
Estas creencias provienen de lo que nos han enseñado, nos han dicho, de lo que hemos leído o escuchado, de lo que hemos visto que otros hacen y/o de nuestras propias experiencias.
Cada uno de nosotros creamos nuestros sentimientos a partir de todas esas creencias. Si creemos que la diabetes es «lo más terrible que nos pudo suceder», seguramente nos sentiremos devastado@s, deprimid@s y sin motivación alguna para hacer lo que necesitamos para manejar nuestra diabetes.
De igual manera, si creemos que a pesar de que la diabetes es desafiante y a veces un poco agobiante, pero que somos capaces de aprender y desarrollar habilidades para el cuidado de nuestra diabetes, seguramente nos sentiremos más motivad@s para buscar soluciones y llevar a la acción las decisiones que tomamos para nuestro cuidado.
Lo anterior no quiere decir que nos liberaremos de sentir enojo, tristeza, miedo o frustración, pues son naturales en tod@s nosotr@s. Pero las creencias y mentalidad que tenemos puede ser el punto de diferencia en cómo responderemos y enfrentaremos las dificultades.
Recuerda que nuestros creencias alimentan nuestros sentimientos y viceversa. Y aquello que estemos prensando o sintiendo se traducirá en comportamientos para el manejo de la diabetes.
Nadie ni nada nos podrá ayudar si nosotr@s no decidimos cambiar para ayudarnos. Es una decisión que podemos hacer siempre. Elegir entre ponernos en un lugar de víctima o elegir hacer cambios que nos ayuden a salir adelante.
Siempre podemos elegir que nuestro propósito sea estar san@s; en adquirir mayor conocimiento y confianza frente al manejo de nuestra diabetes; en ir siendo más responsables e independientes; en vigilar nuestra mentalidad para no añadir más malestar al malestar; en mantener un equilibrio entre cuidado y disfrute.
Escuchar nuestro diálogo interno nos permite darnos cuenta de nuestras creencias y sentimientos.
Analiza:
- ¿Qué es lo que te estás diciendo a ti mism@ y cómo te hacen sentir?
- ¿Qué otras cosas podrías decirte?
- ¿Qué es lo más importante para ti hoy?
- ¿Qué puedes hacer hoy para lograrlo?
La diabetes no cambiará ni se irá, pero nosotr@s sí podemos cambiar y transformarnos. Es un proceso constante y con altibajos. Una mentalidad que trate de ver lo positivo en los retos nos ayudará a tener una base sólida para creer en nosotr@as mism@s, sentirnos alentad@s y actuar acorde a ello.
Lo anterior nos permite pasar de: «¿Por qué me está sucediendo esto?» a «Esto me está sucediendo. Esto está en mi realidad. ¿Qué es lo que puedo hacer o intentar ahora? ¿Qué me está enseñando esto?».
Finalmente, antes de tomar una decisión o resolver un problema, es importante evaluar si nuestras creencias y sentimientos nos están ayudando a ello. Asimismo, es importante que, en lugar de atorarnos mental y emocionalmente en lo que salió «mal» o no salió como esperábamos, nos enfoquemos en las posibles soluciones o alternativas, de tal manera que nuestra mentalidad esté enfocada en la solución de problemas, es decir, en aquello que podemos hacer.