
¿Cuántas veces has escuchado expresiones de terror o lástima cuando las personas escuchan la palabra diabetes? ¡Estoy casi 100% segura de que muchísimas!
Entre la falta de información, los «saberes» y opiniones populares y la maraña emocional que generan, han teñido (injustamente) a la diabetes de significados negativos y/o letales.
No es de sorprenderse que esto mismo sea lo que nos ha condicionado a, en general, reaccionar de manera emocional más que racional. Cosas que en realidad pueden tener soluciones relativamente sencillas, se transforman en pesadillas de constante angustia, enojo, frustración y que hasta pueden terminar depresión o desesperanza.
Es humano y esperable que las emociones estén presentes en cada uno de nosotr@s. Sin embargo, vivir escuchando a fuerte volumen los diálogos catastróficos que algunas emociones nos generan, nos impide encausar nuestra energía en lo que necesitamos hacer para dar solución a un contratiempo.
No se trata de ignorar nuestras emociones ni tampoco se trata de estar bajo el dominio de ellas. Es un punto medio entre reconocerlas y contenerlas o calmarlas recurriendo a nuestra lógica y cuando podemos observar las cosas de una manera más objetiva, es decir, poder ver las cosas como son sin el drama, sin las leyendas o mitos.
Nadie puede funcionar ni pensar claramente desde el miedo o el enojo. Años atrás, cuando era adolescente, mi manera de manejar mi diabetes era reactiva, es decir, al ver reflejado 260 mg/dl en mi glucómetro, de inmediato el enojo y la desesperanza se apoderaban de mí, tanto, que mejor optaba por hacer caso omiso y no inyectarme. Al poco tiempo, eso me llevó a una cetoacidosis. Luego, en otra etapa posterior en donde quería tener mucho control, un valor fuera de rango significaba infinitos autoreproches y culpa, y por lo tanto, terminaba por restringirme tanto de la comida como de la convivencia social. En ningún momento me di la oportunidad de tranquilizarme y de poner las cosas en perspectiva; de observar y analizar sin el drama emocional para encontrar las soluciones que tenía a mi alcance.
El reto constante de la diabetes (y de la vida) es que en lugar de reaccionar con emociones irracionales o extremas (ya sean nuestras o que las hayamos aprendido), podamos mantener nuestra calma y objetividad. No es sencillo. Requiere de trabajo constante y enfocado.
¿Tienes una hiperglucemia? Corrige sin caer en el juego de las emociones; revisa qué cosas pudieron provocarla, qué cosas puedes modificar la siguiente vez, qué, quién o quiénes te pueden apoyar, etc. Solo eso.
¿Te inyectaste la insulina equivocada? Sin el drama y pensamientos catastróficos, de inmediato plantea un plan de acción; comunícate y apóyate de quienes puedas. Posteriormente, evalúa qué se puede hacer para que no suceda de nuevo. Solo eso.
¿Has estado siguiendo al pie de la letra tus actividades de autocuidado y tu glucosa se eleva sin razón aparente? Sin el drama, revisa qué otras cosas pueden estar influyendo (caducidad/cuidado de la insulina, sitios de inyección/infusión, tiempo de aplicación de insulina/bolo, ciclo menstrual, etc.) Solo eso.
Los ejemplos anteriores son algunos de los escenarios con los que las personas con diabetes nos enfrentaremos a lo largo de la vida e irán cambiando y apareciendo nuevos. Entonces, qué mejor que desde temprano podamos darnos cuenta de que en realidad el manejo de la diabetes y nuestra vida comienza en nuestra mente.
Reconocer el poder que ganamos cuando podemos ser objetivos, esto es, cuando podemos ver y pensar las cosas desde lo que son y no desde nuestra subjetividad.
Las situaciones u obstáculos no van a desaparecer o cambiar, pero nuestra perspectiva si cambia la manera en la que las podemos abordar y manejar. Trabajar en esto nos permite rescatar las cosas buenas y los aprendizajes de las situaciones.
Así que comienza por revisar cuál y cómo es tu perspectiva personal hacia la diabetes, hacia las situaciones que te suceden en la vida. ¿Frente a qué situaciones tus emociones te representan un obstáculo más que un apoyo o desahogo? ¿Tiendes a ver las cosas de manera objetiva o te dejas llevar por las emociones y pensamientos que te genera una situación? Recuerda que lograr mantener la calma frente a los constantes desafíos diarios toma tiempo. Se paciente contigo mism@. Comienza hoy por rescatar y fortalecer tu poder interno.