Diabetes tipo 1 vegana.

Varios elementos se conjuntaron para que tomara la decisión de hacer cambios importantes. Nunca me imaginé la magnitud en que revolucionarían varios aspectos de mi vida, incluyendo el manejo que llevo de mí diabetes desde hace ya 20 años.

Meses atrás, escuchando una serie de pláticas impartidas por diferentes personas y profesionales que viven con diabetes tipo 1 y tipo 2, hubo una en especial que me llamó mucho la atención. Se trató de Robby Barbaro, que vive con diabetes tipo 1 y es coautor de «Mastering Diabetes». Explicó que una alimentación basada en plantas y baja en grasas erradica la resistencia a la insulina y que, incluso, revierte la diabetes tipo 2, así como previene o mejora notoriamente las condiciones crónicas y autoinmunes. Estas afirmaciones provenían de una revisión exhaustiva de más de 800 estudios científicos, aunados a la experiencia profesional y personal con diabetes tipo 1. No tardé mucho en pedir y leer el libro para ahondar más al respecto.

De manera muy resumida (porque en el libro los autores explican de manera muy clara y detallada), las dietas que contienen grasas (en especial las saturadas y trans) provenientes de la carne y productos derivados de animales (huevo, leche, queso, embutidos…) son los principales culpables de la resistencia a la insulina y de muchas otras enfermedades crónicas (no los carbohidratos, como siempre nos han dicho).

Adoptando una dieta basada en plantas (vegetales, frutas, granos enteros, legumbres, tubérculos) y en grasas vegetales (nueces, semillas, aceites vegetales), las personas con prediabetes y diabetes tipo 2 podían revertirla; mientras que las personas con diabetes tipo 1 podíamos reducir de manera considerable nuestras dosis de insulina. Todo lo anterior gracias a que este tipo de dieta elimina la resistencia a la insulina y procesos inflamatorios (causantes de enfermedades crónicas).

Mi primera reacción fue de asombro y un poco de escepticismo. Por años me habían enseñado cuidar el tipo y la cantidad de carbohidrato; contabilizar de la manera más precisa los gramos que cada alimento contiene para poder determinar mi dosis de insulina. Asimismo, que era preferible limitar ciertos alimentos, en especial aquellos que disparaban mi glucosa (en lo personal: el arroz, la papa, la pasta, el betabel, los garbanzos, el plátano, el mango, la quinoa…).

Se me hacía «increíble» que podría comer una dieta con muchos más carbohidratos (provenientes de frutas, granos, cereales, tubérculos y frutas) e inyectar una dosis menor de insulina. Era un cortocircuito en mi cabeza pero todo lo que explicaban, los estudios que citaban, recordando mis actuales picos inesperados de glucosa post-comida (a pesar de no consumir platillos altos en grasa) o de cómo tenía que hacer varias correcciones con insulina hasta 5 horas después de haber comido pizza por una hiperglucemia rebelde y constante…Todo iba haciendo sentido.

PETA fue otra página que consulté buscando más acerca del veganismo. PETA es una organización sin fines de lucro que denuncia prácticas y tratos carentes de ética hacia los animales. Su slogan se opone totalmente a «experimentar con animales, comerlos, vestirlos o abusar de ellos en cualquier otra forma».

En lo personal, ver el video «Be a sweater they said» (que fue inspirado en el video «Be a Lady they said», el cual hace una denuncia contra la masculinidad tóxica), me impactó y me dejó pensando mucho. En esta versión alterna, el video denuncia el maltrato, abuso y explotación sistematizados que la industria de la moda comete hacia los animales. Por esto mismo, en su página web, PETA ofrece listas de marcas de alimentos, cosméticos, vestimenta (y más) libres de crueldad animal, así como múltiples recursos para informarse, tomar consciencia y acción desde nuestro lugar personal.

Pocos días después leía sobre el «Straight Edge», el cual surge dentro del punk. Sin embargo, el Straight Edge emergió como un contra corriente hacia actitudes tanto destructivas como autodestructivas que algunos punks mostraban. La persona que decidía seguir el estilo de vida Straight Edge, continuaba haciendo críticas hacia el sistema, pero también proponía alternativas. De igual forma se comprometía a abstenerse del consumo de drogas, alcohol, tabaco, de la promiscuidad y, en algunos casos, incorporaba el veganismo.

Suiguendo entrevistas de una artista Staight Edge que me gusta, escuché varios nombres sobre películas-documentales, tales como «What the health», «Cowspiracy», «Forks over Knives», «Earthlings»…. Sin más tenía curiosidad por escuchar y analizar.

A grandes rasgos, estos documentales proporcionan diversas fuentes científicas donde señalan que entre el gobierno y las grandes instituciones de «salud» existe un pacto de dinero, intereses y silencio con la industria ganadera y alimenticia para dictaminar cómo es que se ve una alimentación «saludable». Al mismo tiempo, ocultan la explotación y crueldad tanto hacia el medio ambiente, los animales y a comunidades o personas que forman parte de minorías.

Del otro lado de la moneda, señalan de manera sustentada cómo es que una alimentación basada en plantas previene y/o revierte enfermedades crónicas (cáncer de todos tipos, enfermedades del corazón, hipertensión, diabetes tipo 2, asma, etc.). Y no sólo eso, sino que marcaría una diferencia decisiva en la salud y sustentabilidad de nuestro planeta tierra y todos los seres vivos (suelo, bosques, océanos, clima, especies animales y vegetales…).

Mientras veía y escuchaba me sentí sumamente impresionada, indignada y molesta. Toda la información referente a la salud resonaba con lo que leía en el libro «Mastering Diabetes». Las piezas se iban juntando y para mí fue inminente que no podía quedarme indiferente ante todo este panorama de información. De igual manera fue percatarme de que mis hábitos no sólo impactaban mi salud, sino que impactaban a los animales, a personas, comunidades y al medio ambiente. Sin más, decidí decir adiós a la carne, a los productos derivados de animales y a los productos que involucraran alguna forma de crueldad o explotación en su proceso de producción.

Abrazar esta decisión es algo sumamente personal. Es un trayecto y, como todo, no es perfecto pero se va perfeccionando. Cada quien determinará su ritmo y su manera. Hay personas que pueden de un día para otro hacer el cambio completo; hay quienes poco a poco van eliminando alimentos de origen animal y optando por productos (de todo tipo) libres de crueldad animal. Algunas van sustituyendo algunas comidas y productos; otras lo hacen en algunas ocasiones como el meatless monday (lunes sin carne). Sea como sea, eso hace gran diferencia en el planeta y en tu salud.

Tengo un mes (y contando) desde que hice este cambio y no dejo de asombrarme de lo bien que me siento tanto física como mentalmente. Me siento con mucha más energía, me concentro mejor y la tendencia de mis niveles de glucosa, en general, ha sido notablemente más estable.

Mi sensibilidad a la insulina ha alcanzado un nivel que nunca había notado en mis 20 años de vivir con diabetes. He tenido que reducir mi dosis de insulina basal y, lo más sorprendente, es que a pesar de que como más hidratos de carbono, mis dosis de insulina ultra rápida también la he tenido que reducir.

Por ejemplo, anteriormente mi desayuno usual tenía un total de 32 gramos de hidratos de carbono, para el cual debía aplicar 3.5 unidades (inyectaba 1.5 unidad más porque, personalmente por las mañanas, tendía a presentar picos en mi glucosa). Asimismo, a las 2 horas después de desayunar, muchas veces me tocaba corregir con 1 a 1.5 unidades de insulina.

Actualmente, en mi desayuno consumo 55 gramos de hidratos de carbono y me aplico 1.5 unidades de insulina y, 2 horas después, rara vez me ha tocado corregir con . 5 a 1 unidad de insulina como máximo.

Sí, no creía que podía comer más hidratos por menos insulina, sin tener picos bruscos de glucosa. Ahora lo vivo en carne propia y no deja de asombrarme.

Los primeros 3 días fueron los más difíciles porque tuve muchas hipoglucemias mientras iba ajustando mis nuevas dosis de insulina. Hoy en día algunas veces debo comer un poco más de lo que me preparé o debo recurrir a esos alimentos o frutas que para mí antes eran»peligrosas» para evitar hipoglucemias.

Mi decisión esta tomada y se reafirma cada vez que me siento contenta de evitar, en la mayor medida de lo posible, de contribuir a procesos que impliquen el sufrimiento y explotación de otros. Me siento contenta de sentir que puedo conectar con mi cuerpo, con el ambiente y con quienes me rodean desde otro lugar.

Creo que una alimentación basada en plantas es un acto de amor propio, así como para el planeta y todos los seres vivos que la habitamos. Creo que existe una conexión innegable entre lo que comemos y nuestra salud, tal como Hipócrates dijo: «Deja que la comida sea tu medicina y la medicina sea tu comida».

Otra cosa que me pongo a pensar es que a pesar de los avances en salud, tecnología y las miles de dietas de moda, no hemos podido erradicar el cáncer, la obesidad, la hipertensión, el síndrome de colon irritable, el asma, la diabetes…Algo debemos estar haciendo de manera equivocada y que continúa por perjudicarnos y, seguramente, mucho empieza por lo que servimos en nuestro plato.

Algunos de los tantos datos que me resultaron impactantes:

  • El 26 de Octubre de 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) después de años de investigación anunció que se encontró un vínculo entre la carne procesada y desarrollo de cáncer de colon. Con tan solo consumir 8 onzas (~225 gramos) al día, lo equivalente a 2 rebanadas de jamón, se incrementa el riesgo en un 18 %.
  • Las dioxinas son contaminantes ambientales con alto potencial tóxico hacia el organismo. De acuerdo con la OMS, pueden provocar problemas reproductivos y de desarrollo, afectar al sistema inmune, interferir con las hormonas y, así, provocar cáncer. Más del 90% de exposición humana es a través del consumo de carne animal y lácteos, pescados y mariscos.
  • El bioquímico y autor del Estudio de China, el Dr. T. Collin Campbell, llamó a la caseína como el promotor principal de cáncer más relevante descubierto en los últimos 50 años. La caseína es la principal proteína de la leche. Asimismo, se añade a muchos productos para mejorar el sabor.
  • Tener predisposición genética para alguna enfermedad crónica no es el factor de mayor riesgo como sí lo son los hábitos alimenticios que nuestras familias nos han heredado, los alimentos que consumimos y factores medioambientales a los que estamos expuestos.
  • Por cada kilo de pesca con enormes redes, quedan atrapados hasta 5 kilos de especies no deseadas o buscadas (delfines, tiburones, ballenas, tortugas marinas…).
  • Se requieren 9,500 litros de agua para producir 450 gramos de carne vacuna; 3,400 litros de agua para producir queso y más de 1,000 litros para producir 1 litro de leche.
  • Típicamente una vaca consume entre 63 -68 kilogramos de granos al día y bebe entre 115 a 150 litros de agua.
  • Aproximadamente, desaparecen 4,000 metros de selva tropical por segundo. La principal causa es el pastoreo de animales y el cultivo de sus alimentos.
  • La emisión de gas metano por parte del ganado es 86 veces más destructivo que el dióxido de carbono proveniente de los carros.

*Disclaimer: En relación a tu salud personal, consulta con tu especialista.

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